18 de agosto de 2025
“Los ganadores se rinden todo el tiempo. Lo que hacen distinto es rendirse en las cosas correctas, en el momento correcto.” — Seth Godin, The Dip
Conversaciones que te dejan pensando
Trabajo desde un WeWork en Bogotá. Si has estado en un Cowork, sabes a lo que me refiero. Es un lugar donde te cruzas con otros emprendedores a diario, y donde muchas veces las conversaciones informales valen más que varias reuniones agendadas.
Fue ahí donde conocí a Daniel, fundador de una empresa de marketing enfocada en construir comunidades digitales. Un día nos tomamos un café para conversar sobre nuestros proyectos.
En medio de la charla, me contó que tenía 3 hijos…. tres! Me pareció admirable. Emprender con esa carga emocional y económica no es menor. Me habló de su empresa: tenía clientes, estaba funcionando, pero no al nivel que él esperaba. Se sentía constantemente frustrado.
Fue ahí donde conectamos.
Me describía ese loop en el que uno como emprendedor vive constantemente: vendes, diriges, diseñas, solucionas, sostienes. Todo al mismo tiempo. No hay prioridades claras. Haces algo bien, dejas otra cosa mal. Y así todos los días. La sensación de nunca estar a la altura. De estar haciendo todo, pero sentir que no es suficiente.
Un día, le ofrecieron trabajar en un fondo de inversión. Lo aceptó, e incluso ahora tieney hasta tuvo la posibilidad de vender su empresa al mismo fondo. Lo interesante vino después. Me dijo:
“Me di cuenta que no era malo. Al revés, soy mejor que muchos empleados. Me sentí competente otra vez.”
Esa frase me quedó resonando. Porque muchas veces los que emprendemos terminamos creyendo que nosotros somos el problema, cuando en realidad estamos en un entorno que exige todo y no da espacio para respirar.
Fue ahí donde me surgió una idea que me ha acompañado desde entonces:
“La línea entre resiliencia y terquedad es mucho más delgada de lo que parece.”
La resiliencia como dogma

En el mundo del emprendimiento, la resiliencia parece ser una especie de “mantra”. La celebramos, la exigimos, la glorificamos. Como si fuera el ingrediente secreto del éxito.
Y sí, claro que es importante. Nadie que haya levantado una empresa desde cero lo logra sin resiliencia.
Pero el problema empieza cuando esa resiliencia se convierte en una especie de “mandato emocional”. Cuando deja de ser una herramienta para adaptarse, y pasa a ser una excusa para no detenerse nunca, aunque el rumbo ya no tenga sentido.
¿Te has dado cuenta? Estamos rodeados supuestos “exitosos” con frases motivacionales como:
- “Decláralo y lo lograrás.”
- “Visualízalo y el universo conspirará.”
- “Dalo todo, no pares nunca.”
Sinceramente, detesto esos mensajes. No solo por lo vacíos que son, sino porque pueden hacer daño. Le hacen creer a la gente que todo depende de su actitud, como si el contexto, los recursos o incluso la vida misma no importaran.
“Hay una razón por la que se llama lucha. Puede que no lo consigas. Y eso no te hace débil, te hace humano.” — Ben Horowitz, El arte de emprender
Pero no vengo a ser un “hater” contra los influencers, sin duda que en muchos de ellos hay buenas intenciones. El problema es cuando los discursos que escuchamos nos generan una “sensación de culpa”. Porque cuando no alcanzas lo que soñabas, tu voz interna (cargada de autoexigencia) te dice que probablemente es porque “no lo diste todo”.
Pero yo creo algo diferente. Creo que a veces es tiempo de parar, y reflexionar dónde estás parado, qué estás haciendo, y si ese camino aún tiene sentido.
¿Dónde termina la resiliencia y empieza la terquedad?
He tenido esta conversación muchas veces, con otros emprendedores y conmigo mismo. Y la verdad es que la frontera entre seguir por convicción y seguir por inercia no siempre es tan clara.
La resiliencia, bien entendida, es adaptativa. Ve el contexto, acepta lo difícil, aprende, ajusta y sigue.
La terquedad, en cambio, es seguir sin querer mirar la realidad. Es ignorar las señales.se apega a ideas por orgullo o por miedo a soltar.
“No todo lo que duele debe ser resistido. A veces, lo que más cuesta dejar, es justo lo que más necesitas soltar.”
¿Te hace sentido algo de esto? Sigue conmigo y reflexionemos un poco más profundo. Aquí te dejo una tabla que me ayudó a entender mejor la diferencia:
Elemento | Resiliencia | Terquedad |
Motivación | Sigues porque aún crees | Sigues porque no quieres soltar |
Señales externas | Las analizas y haces ajustes | Las ignoras o las justificas |
Energía emocional | Aunque cansado, sientes sentido | Estás drenado, frustrado, sin claridad |
Toma de decisiones | Difíciles, pero conscientes | Postergadas o forzadas |
Apego al plan original | Te adaptas al contexto | Lo defiendes aunque ya no funcione |
Creo que aprender a ver (y vivir) esta diferencia es un trabajo intencional de examinar nuestras motivaciones y actitudes.
A veces uno parte desde la resiliencia, pero termina atrapado en la terquedad sin darse cuenta. A mí me pasó. Defendí una funcionalidad en KOYAG que los datos mostraban que nadie necesitaba. Pero seguí empujándola, no por visión, sino por compromiso. Por no querer “quedar mal”. Por no parar.
Seguir no siempre es avanzar. Y aguantar no siempre es valentía.
Salir de la trampa

Cuando terminé de conversar con Daniel, lo que más me impactó no fue su historia, sino lo que me reflejaba de la mía.
“Básicamente, me di cuenta de que yo también estaba siendo terco.”
También he sido terco. He impulsado ideas sin validarlas bien. He confundido rapidez con claridad. He tomado decisiones apresuradas solo por querer crecer.
Lo más difícil no es fallar. Lo más difícil es detenerse a tiempo. Aceptar que algo no está funcionando antes de que te consuma por completo.
Hoy creo que se puede salir de la trampa de la terquedad… se puede parar antes de romperse. Y desde ahí, reconstruir una nueva versión de resiliencia: una que escucha, que observa, que se adapta.
Una que no necesita demostrar nada, porque ya aprendió a soltar.
😶🌫️ Te puede interesar
Gracias por Leer!
Te gustó este post? Compártelo con otros. Significa mucho ⚡
Sígueme en LinkedIn @edugarrido
Sígueme en Instagram @edogarridof